COMPAÑEROS DE CAMPSARED

"Podeis decir lo que pensais de vuestros encargados, de los objetivos, de la venta activa, de los cursos, de Sumando valores, seguridad, promotores del cambio, sindicatos, y todo lo que querais. Hubo en tiempos un blog de un compañero en donde mucha gente dejó sus comentarios, hoy no existe y por eso nace Campsared blog, para reunir a todos, para los COMPAÑEROS DE CAMPSARED"




Este blog como indica en la cabecera es sólo la continuación del creado por el compañero EXPENDEDOR-VENDEDOR el 20 de noviembre de 2008 y que por problemas técnicos fue imposible actualizar. Como aquel, mantiene la idea de tener una plataforma de comunicación, de reivindicación y sobre todo un medio de expresión para todos los trabajadores de CAMPSARED.



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sábado, 14 de enero de 2012

CULPABLE

Hace unos meses que, cada vez que me miro en el espejo, descubro un malhechor, si si, un auténtico hijo de puta, de los que sisan en el cambio a las viejas, de los que se benefician a las chicas en cuanto llevan una o dos copas por encima del límite, de los que no sueltan propinas ni aunque te laman los zapatos, de los que pisan un billete de 50 que se le voló a algún currante, y enseguida dicen que es suyo. Soy un auténtico cabrón, me miro en el espejo y es que salta a la vista.  Por suerte soy gasolinero, por que podía haber sido hooligan, o mercenario en Libia, o incluso mosso d'escuadra, o picoleto de los que se hinchan a poner multas.

¿Por qué digo esto?  No lo tengo muy claro.  Por un lado está el pelo, que me crece haciendo remolinos, lo que ya no es buen síntoma si se quiere pertenecer a una buena clase social, éstos suelen llevar una elegante melenita rematada por unos cuantos rizos perfectamente diseñados.  Yo en cambio, gasto unos pelos de abertzale que enseguida llevan a la desconfianza. Mis ojos no tienen la alegría bondadosa de un catequista, en ellos se dibujan mas ojeras de las recomendadas, no de un juerguista, que ya no estoy para esos trotes, pero si del que tiene algo entre manos o en la mente, que no le deja conciliar bien el sueño.

Algo tiene que ver, el que mi boca fabrique 'telarañas' para que los clientes caigan enganchados en ellas, suplicándonos mutuamente, los unos por querer escapar, y yo, para que se enreden hasta las ingles y pierdan la decencia, y se dejen el sueldo de sus hijos, aunque no paguen hipoteca, ni coman ese mes, pero ahí estaré yo, aullando al TPV, sacando pecho con mis uñas llenas de sangre y la cara de sátiro de las grandes ocasiones.  Para que me feliciten por la canallada del mes.

En fin, debo incidir en que, cuando me miro en el espejo, contemplo a un ser abyecto, con las manos ensangrentadas y una navaja de venta horaria entre las manos que va saqueando viajeros sin miramientos ni piedad.


Con todo, lo que me atormenta no es parecerme al Tempranillo en su versión maligna, es el sentido de la culpabilidad que me remueve la conciencia.

Podría pensar que mi trabajo es desplumar a los incautos/clientes, tal como 'ordena mi señor', agrandando el botín y la leyenda que hace de ésta, mi empresa, la mayor petrolera del reino, y en cuyas posesiones no se pone el sol, pero no, mi malestar se debe a que mi maldad no es la apropiada, no alcanzo el grado de violencia suficiente para lograr los objetivos prefijados.

No hay tarde ni mañana que no sienta doblárseme las piernas, que el estómago no inicie su erupción cotidiana, por que, viendo pasar las horas, mis ventas exigidas son aún escasas y amenazan con no ser suficientes para satisfacer a mi 'patrón'.

Hay que vender (Campsared Blog)
La actitud ejercida sobre nosotros, para convertirnos en 'vendedores de élite', se ha transformado en una losa,  en un desdoro que me persigue en el trabajo y hasta en casa; no soy bastante productivo, mis cifras no son las adecuadas, la compañía va a quebrar por mi culpa... han llegado a sugestionarme de tal forma que es ver pasar mi sombra ociosa, para sentir rápidamente el peso de la culpabilidad.

Si me contemplo en el espejo lo noto, si me rechazan una venta lo noto, si no machaco con repetida consistencia lo noto, cuando me mira mi encargada lo noto, en sus ojos inyectados en sangre lo adivino, si me fumo un cigarrillo o si me tomo algún descanso, allí lo tengo persiguiéndome como una maldición, SOY CULPABLE, no estoy vendiendo suficiente, no estoy llegando al mínimo exigible, soy culpable me meta donde me meta, y aunque libre y esté en mi casa voy a seguir siendo culpable, no merezco mi sueldo, no remo con bastante energía, no tengo gracia, soy un asno y un lastre, un malhechor en toda regla.

La maquinaria de rodillo ha funcionado, la indignidad ha sido inoculada, los que la han provocado se marchan de rositas con la conciencia muy tranquila, mientras yo escondo la cabeza; me han convencido, soy una escoria, un malnacido. Para ejercer de hijo de puta me falta clase, de momento soy solo una 'putilla' que entrega lo que puede cuando puede, y a la que, desde luego hay que seguir explotando hasta que estalle.
¿Soy una mierda... soy un cabrón?
(Campsared Blog)

martes, 1 de marzo de 2011

AL QUE MADRUGA...

Hay mañanas que no estás para nada, sobre todo en invierno. Te levantas sobresaltado por que el despertador, te ha arrancado inmisericorde del más profundo y placentero de los sueños.
Abandonas tu lecho calentito, te cepillas los dientes y te aseas, con un ojo cerrado y otro abierto, ¿No me abré levantado una hora antes?,  ¡Vaya sueño!
Llega el momento de ponerte la ropa, te sacas el pijama que aún guarda restos de calor, y te enfundas el saco de patatas azul.
Ahora si, abres los ojos completamente por que ya casi no te reconoces cuando te ves en el espejo, y quieres cerciorarte de que eres tu en verdad.  Te observas  con tu uniforme puesto, que aunque a nadie le sienta bien, a ti te acerca al esperpento, ¡Cómo pasan los años!, ¡Cómo se viene la muerte tan callando!.  Si hubieses estudiado como tu primo Antonio, tendrías un puesto destacado, y aún estarías en cama otro ratito, por que las calles las ponen los currantes, antes de que despunte el sol, esto es así.
Cuando ya has visto que no tiene remedio, que has alcanzado las más sublimes cotas de pobreza, que pasas de cuarenta, y no neguemos la mayor, que tus mejores tiempos han pasado, tuerces el gesto con la resignación de lo que ya es inevitable, y caminas hacia la puerta, despacito, en silencio para no despertar a nadie, pensando que al menos tienes un trabajo donde agarrarte.

En la calle se desperezan tus sentidos mejor que en ningún sitio. Mientras caminas hacia el coche, tu rostro va perdiendo los últimos vestigios de calor y recuerdo que guardabas de la cama.  Aceleras el paso , no por que tengas prisa por vender leches en vinagre, o aceitunas o quesos de la Mancha, corres por que la helada se sube a tu nariz, arreando como un jinete olímpico, mientras que las mejillas sufren impávidas los rigores del  frío invernal.

Cuando llegas al coche y ves el parabrisas recubierto de escarcha, comprendes en una asociación de ideas ligera, que has llegado hasta el punto de convertirte en un vampiro. Sales de noche, tu piel tiene un aspecto y un tacto cadavéricos, has perdido la sensibilidad, el olfato, tienes ojeras y una palidez mortuoria.  Estás frío como la misma muerte, no te reflejas ni en el cristal del parabrisas,  y además , te dedicas a sacarles la sangre a las personas desde tu sibilino puesto de vendedor de gangas con denominación de origen.

Pones tus pobres manos arrecidas en marcha raspando ese cristal con cualquier cosa, con las uñas, buscándo las cosquillas al coche, con un CD, como si andarás restregándole tu música por las narices, o bien con el famoso rascador que casi nunca encuentras, y sin embargo manejas con destreza, como un ejercitado peluquero, peinando a raya con virtuosismo los cabellos vidriados del vehículo.

Por fin entras en un compartimento recogido, resoplas, te echas el aire sobre la nariz que es un carámbano plantado entre tus ojos. Has encendido ya el motor,  y mientras se calienta, despide un vapor blanco escandaloso que convierte tu barrio en un distrito londinense. Apenas sientes el tacto de tus manos, y buscas ávido que cada ruedecilla de la calefacción funcione y expulse esa corriente cálida y reconfortante  que inunde pronto el habitáculo del coche posibilitando la existencia de vida humana en su interior.

Despues de conducir un rato, aún aterido, adormilado, con el piloto automático encendido, te presentas en la gasolinera sin saber como ni por donde has llegado, ha sido un ir-venir por una dimensión desconocida de la que no recuerdas nada.  Me parece que se llama  'rutina'.

Allí te está esperando el compañero con los ojos empapados en lágrimas, ¡Ah no, que es sueño solamente!
Cruzáis los buenos días y comentáis los chismorreos de la jornada precedente, vuestra reunión preoperativa personal, lo habitual entre colegas, pero sin mediar una caña de cerveza.
Cuentas el cambio, bostezas, miras tras los cristales como se despereza la mañana. Tienes un calendario a tus espaldas al que de vez en cuando echas un ojo repasando los días que quedan hasta llegar el  día de ingreso de la nómina. Bostezas nuevamente. Pones el horno a calentar, y ese calor y aroma a pan reciente reconfortan tu cuerpo y animan las neuronas, te vas aposentando, tu mente empieza a trabajar, entras en fase on line  a tu pesar.

Aparecen los primeros clientes, no los curritos condenados como nosotros a lubricar los ejes y rodamientos de la maquinaria nacional, sino esos otros a quienes echan de sus casas a horas intempestivas, cazadores, ludópatas, juerguistas y sexo-filos perdidos, toda la fauna indómita sin casa, sin horario, sin justificación para campar al alba como gallos expulsados del gallinero.  Ésos empiezan su trasiego mezclados entre los que trabajan de verdad.  ¿Dónde cojones vais a estas horas?,  dan ganas de decirles, con lo felices que estaríais en la cama, arrebujados, en caliente,  y descansando en vez de estar dando la murga por ahí.
Si álguien les obligase protestarían airados reclamando justicia laboral, pero, como lo hacen a gusto, pues su sarna nos pica a los demás, ¡Venga cafés, venga Red Bull, venga tabaco!, desde el primer momento ya metes la segunda y a rular. Ha comenzado el "día de la marmota".

Empieza la jornada de verdad, cobras tus  primeras 'perdices'  hasta que llegue el mediodía, que es cuando da comienzo el tiempo de la caza mayor,
- Tenemos unas naranjas estupendas ¿Quiere llevarse una o más cajas? ¿Y un jamón? -

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PD.: Agradezco la colaboración en este artículo de Jorge Manrique y  Groucho Marx.

domingo, 7 de noviembre de 2010

¡AL ABORDAJE!

Parece ser que los de arriba, han decidido dar un empujón final al tema de las ventas. Ya queda poco tiempo para acabar el año y hay que cuadrar las cifras con unos números bonitos.
Para conseguir ese efecto no han preparado un incentivo fabuloso, o a algún equipo de impulsores de venta activa que nos enseñe a engatusar al personal; han recurrido al hostigamiento puro y duro: "Si no vendeis SPO la ira del señor caerá sobre vosotros" 
Toda esa presión para que vendamos SPO intenta conseguir que un acto voluntario se convierta en obligatorio pero en realidad no es así. Intentan recordarnos que es de vital importancia sugerir ciertos productos al cliente, pero se equivocan en las formas, o simplemente no las cuidan. Si pudieran darnos 30 latigazos nos los darían para que apretáramos en la venta, pero eso tampoco puede ser, afortunadamente no estamos ya en el siglo VI.

Una venta es como reto amoroso, uno tiende las redes y el otro se deja engatusar. Nuestros jefes pretenden que 'violemos' a todos los clientes según llegan a caja; "Te lo vas a llevar por mis cojones", o tal vez debemos llegar hasta el extremo de interpretar un drama a lo Arthur Miller: "¡Por favor señora, por mis hijos, por favor llévese un queso, si no me van a despedir!" - entonces si que necesitaríamos un curso de manipulador, pero 'manipulador de emociones'.
vender en Campsared
Es seguro que tras soltar algunas súplicas y alguna lagrimilla conseguiremos vender algo, y más en Navidad, pero la gente acabaría tambien acostumbrándose, como cuando nos piden limosna por el metro, mirarian  hacia otro lado y listo. -Yo también tengo familia - Te dirían.
La realidad es que no se puede vender siempre y a todo el mundo, a no ser que podamos amenazar a los clientes -O me compras unas lentejas o te rajo las ruedas, se como te llamas y también donde vives gracias a este carnet, estás frito-
Esta técnica pìrata de ir  'al abordaje' la utilizan con éxito en centros comerciales: "¿Conoce usted X seguros?, Le ofrecemos algo nunca visto", pero claro, ellos sólo se dedican a eso. Los Testigos de Jehová también hacen su venta activa puerta a puerta:"¿Conoce la palabra de Dios?", pero disponen de paciencia divina para largar su perorata, pero nosotros, nosotros somos putas y ponemos la cama: "¿Conocen nuestra deliciosa selección de productos con origen?,mientras se lo piensan voy cobrando el combustible, poniendo dos cafés y calentando su bocadillo. Sigan pensando que voy a atender al de Panrico. Pasen y vean, disfruten con calma de estos manjares que les ofrezco, tengan unos folletos, no se marchen, vuelvo en un minutito que tengo que arreglar el lavado"

Somos vendedores de 'enciclopedias' apostados en un semáforo, cazafortunas de un minuto, presionarnos también es asfixiarnos, han confundido la motivación con el hostigamiento. el incentivo con la extorsión, pretenden que abordemos a los clientes con nuestro sable de palabras en ristre, acometiéndoles sin pudor ni prudencia.
Sugiero como solución infalible que sustituyan las frases tan manidas del TPV de caja por otras de mayor proyección y rendimiento: "¿Ha ofrecido ud. el lote del jamón?, o ¿Ha comprobado que el cliente no desea adquirir productos regionales?
Definitivamente somos la evolución del vendedor-expendedor al mercader de feria. No somos nadie, y sin vender SPO menos que nada, palabrita de JZ.

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Para que os centreis en el tema os dejo un video que le cogido al compañero Javi Palma del Facebook.
REUNIÓN PREOPERATIVA CON EL JEFE DE ZONA.

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