COMPAÑEROS DE CAMPSARED

"Podeis decir lo que pensais de vuestros encargados, de los objetivos, de la venta activa, de los cursos, de Sumando valores, seguridad, promotores del cambio, sindicatos, y todo lo que querais. Hubo en tiempos un blog de un compañero en donde mucha gente dejó sus comentarios, hoy no existe y por eso nace Campsared blog, para reunir a todos, para los COMPAÑEROS DE CAMPSARED"




Este blog como indica en la cabecera es sólo la continuación del creado por el compañero EXPENDEDOR-VENDEDOR el 20 de noviembre de 2008 y que por problemas técnicos fue imposible actualizar. Como aquel, mantiene la idea de tener una plataforma de comunicación, de reivindicación y sobre todo un medio de expresión para todos los trabajadores de CAMPSARED.



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jueves, 15 de septiembre de 2011

LOCURA TRANSITORIA

SE BUSCA
(Campsared Blog)
Cada verano se repite la historia, una revolución se adueña de la gasolinera, los cimientos aunque firmes,. tiemblan por unos días, los que transcurren entre que llega un encargado 'de repuesto', y vuelve el titular, que por lo general desaparece una mañana por sorpresa, sin despedirse, como si hubiera escapado de la mafia, y entrado en un programa de testigos protegidos.  Nadie sabe nada de el, ni donde está, ni cuando volverá, o si lo hará algún día.  A los encargados, cuando abandonan la estación por vacaciones, se los traga la tierra. Alguno fue tan lejos que no encontró el camino de regreso, tal es su ansia de perderse muy lejos del dominio de las 'fieras salvajes', entiéndase, de la oficina, que es una caja con forma de diana, donde todos arañan y señalan cada vez que acontece algún suceso anómalo.

Cuando llega un nuevo encargado, se produce un follón morrocotudo.  Los pedidos no cuadran, faltan y sobran los productos como si hubieran hecho las cosas al tun tun.  Pero no es cierto, ni les ha entrado locura transitoria, ni han venido a cargarse adrede la estación, pero el desbarajuste nivel 8 de Richter, es algo que sufrimos los demás, los que llevamos tiempo en el oficio de la 'marinería', por que vemos que se escora la nave, gira, rota, se jala de estribor, en fin, cuando toma el timón un encargado nuevo o eventual, el 'barco' va dando bandazos, y de suerte no hay icebergs en nuestras carreteras, por que los enfilaríamos por medio, queriendo o no, con pleno acierto a la hora de embestirlos.

Los encargados nuevos, y mucho más los que vienen en verano, se comportan como borrachos en la fiesta de graduación, no digo que a sabiendas desde luego, pero viendo como conducen la estación de servicio,  jamás les prestaría mi coche, lo prometo.

El encargado temporal se mueve literalmente 'como un pez en el agua', nervioso y rápido, y para casos en los que tiene que llevar dos estaciones, el sube y baja es de aguas bravas,  como si hiciesen rafting por el Noguera-Pallaresa;  va y viene, viene y va, y algunas veces, como el gallego de los chistes, no se sabe muy bien si va o si viene.
Los expendedores observamos inquietos, alarmados no vaya a dar un vuelco aquello, no nos quedemos sin lo fundamental, los carburantes o las bebidas más punteras o los sandwiches, por que la 'leche' los encargados se la pegan pero nosotros somos el airbag, y la primera hostia nos la dan en la cara los clientes que no entienden de fallos temporales, ni de que el encargado se haya dado a la fuga y esté en busca y captura desde hace una semana.

Son esos clientes que se han levantado con el pie izquierdo, y quieren amargarte tu turno o la mañana explicándote con teoremas el sentido del orden.  Son los que piden hojas de reclamaciones por que no hay guantes o jabón, o justo justo la promoción del cartel ése que olvidamos quitar, y que precisamente se le ha antojado, y hoy tiene tiempo y ganas para tocarte las narices un buen rato a ti y al encargado de repuesto que se olvidó pedirlos.

Como norma general, cuando aterriza un encargado nuevo, apretamos el culo adoptando una postura marcial.  Eso no ocurre cuando se trata de un encargado 'de repuesto' al que generalmente acompaña una aureola de catástrofes que dejará muy por debajo nuestros fallos y negligencias. Así que en vacaciones, mientras aquel suplente sufre para salvar un presupuesto que de no ser por que el trabajo aumenta habría entrado en barrena, los expendedores vivimos una especie de libertad condicional, de pausa democrática, y esa ausencia temporal de poder, nos libera de la continua disciplina militar dándonos un respiro con que aguantar las largas y agotadoras jornadas de verano.
E.S atendida con la relajación que corresponde al periodo estival (Campsared Blog)

Y como tenemos un gobierno de transición, ahorramos en limpiezas, y el orden campa por su ausencia durante varios días convirtiendo nuestro trabajo en un festejo, entre comillas claro, entrando por derecho dentro de la teoría del caos que rige en la gasolinera.  Por que, digamosló con toda seriedad y sin reservas, con la llegada de un encargado nuevo, la Ley de Murphy alcanza su sublimación. Todo lo malo que le pueda ocurrir va ha ocurrirle sin duda, pues por si fueran pocos los marrones que sazonan su cargo, los contratiempos, las averías  y las desgracias van a ocurrir de dos en dos, como si fuéramos las víctimas de una maldición o una persecución diabólica.

Y en mitad de aquella ciclogénesis explosiva que dominará la estación ese periodo, nuestro encargado de repuesto se cagará en todo lo cagable, discretamente eso si, y con respeto al medioambiente, pero tendrá ocasión para revalidar sus votos de aspirante a 'sufridor general', que es el puesto que anhelan conseguir aprobando la gincana de encargado suplente.

Sin embargo, al cabo de unos días, la tormenta dejará paso a un cielo despejado que anunciará el retorno del encargado pródigo, que volviendo del más allá, ahora a bombo y platillo, con efusivos abrazos y saludos, como si regresara de la montaña portando las tablas de la ley, nos estará indicando que la tregua ha pasado, que empezará el toque de queda, y que nuestros productos, que disfrutaban también de vacaciones, van a volver a nuestra pasarela de palabras estrenando la temporada o fashion year de los productos con origen y los rascas, que ocupará el resto del año.

Llegado este momento, podremos iniciar nuestra desintoxicación de inhibidores como la marihuana, la tila y el diazepan a sabiendas de que las aguas volverán a su cauce y esa locura transitoria que ha dominado el curso estas semanas volverá a su camino de disciplina y malos humos que en el fondo necesitamos para saber que esto no es Hollywood, sino Repsol, o Cepsa, o como quiera que se llame;  una empresa muy seria que se dedica sin rodeos a la búsqueda rigurosa de beneficios hasta debajo de las piedras.

lunes, 8 de agosto de 2011

EL DUELO (Reposiciones de verano)



 PLAY 

Un día de primavera, mientras sacudía mis espuelas junto a la calle 6 apareció ÉL:  El pistolero-Auditor.

Su presencia imponente, su inconfundible silueta negra tocada con el chaleco reflectante me estremecieron. Cruzamos las miradas sin pronunciar palabra, cogí con fuerza el 'Winchester' y lo puse en el cargador. El sacudió sus manos levemente reavivando los dedos sobre las culatas de nácar de sus revólveres advirtiéndome de sus intenciones.  Lucía una media sonrisa, barba de varios días, y masticaba tabaco sin parar.  Escupio una o dos veces sobre las tablas del salón. Un expendedor-vendedor salió raudo a limpiarlo ¡Que remedio!.

Al pistolero lo mandaba el comisionado, y aunque nunca se refería a ello, en la culata de sus Colt podían verse las muescas de sus víctimas.
El sol lucía en lo más alto como ocurriera ya hace mucho mucho tiempo, en el siglo pasado, cuando nos enfrentáramos por primera vez en Whichita, al oeste del Manzanares. La tensión se palpaba en el ambiente, todo el mundo cruzaba rápido las calles y desaparecía, -calle 1, calle 3, no quiero nada, cóbreme-

Una cuadrilla de navajos generalmente muy ruidosos salía por piernas del salón con sus latas enteras de Red Bull, brebaje que consumían por litros (Siempre que estaba en promoción).

Uno de mis ayudantes nervioso, disparó un par de veces, -¿Unas naranjas? ¿Un refresco?- El pistolero sonreía. Dentro de mí, sabía que alguna vez estos enfrentamientos traerían una desgracia. El auditor, enfundado en su traje negro mascullaba la misma cantinela de siempre: “Es mi trabajo, cumplo la ley Sheriff”. -Ayudante de Sheriff- Le contestaba -Aún no tengo la categoría-

Entre tanto, mis ayudantes se preparaban para el duelo. Nelly tarareaba canciones de Willie Nelson mientras limpiaba surtidores. Joe (léase You), se afanaba detrás del mostrador ordenando la zona de la barra y haciendo los ‘checklist’.

Todos sabíamos que el momento de la pelea había llegado, y enseguida comenzó la refriega. -Liquidaciones, Fondo Fijo, Fondo de maniobra- Joe salió herido – Te faltan siete euros en el arqueo de caja- -Dónde diablos está la pasta busca aguas, hay que untarle la herida, a ver si brota sangre u otro líquido sospechoso-

La reyerta tomaba tintes críticos cuando llegaba el tiempo de hacer el inventario, - Cocacola, Fontvella, algo te va a faltar... – Yo iba esquivando proyectiles. ¡Bang! Unas galletas caducadas. ¡Bang! Faltan algunas etiquetas, ¡Bang! La promoción del Mahou está agotada.

La disputa terminó en tablas, no hubo triunfantes ni vencidos. El Pistolero-Auditor volvió a montar en su caballo, escupio sobre la pista, y chascando la lengua se alejó velozmente entre una polvareda de documentación revuelta perdiéndose en el horizonte junto a los últimos rayos de sol.

Una vez más había sufrido pero quedado indemne, ¿Y la próxima vez?. El tiempo lo dirá. El oficio de Sheriff es lo que tiene, siempre hay una bala dispuesta, grabada con tu nombre.

Dedicado a los encargados de estaciones de servicio.
26 de mayo de 2010 01:19

martes, 31 de mayo de 2011

EL SECRETO DEL UNICORNIO

En el fondo de una mazmorra subterránea, bajo siete candados, con cámaras y alarmas, y trampas afiladas que no podría salvar ni Indiana Jones en sus mejores tiempos, trabaja mi encargada, en un bunker donde todo es alto secreto, los informes, las cartas, los mensajes, como si trabajara para la KGB.
Recientemente ha acentuado su paranoia, ha dejado de comentar las sinrazones, ha multiplicado los silencios, como si en los emails hiciera pactos de sangre con la muerte, como si dictara sentencias, como si desplegara minas antipersonas por los recovecos de las baldas. Últimamente sus silencios dan miedo,  te mira como quien mira a un muerto que no es suyo, con desprecio, como si masticara tus entrañas, como si entablases un duelo de miradas con Gadafi. Ella no habla, y tu no dices nada, tragas saliva sin pronunciar palabra, con cautela, como si hicieses gárgaras con nitroglicerina. Desconozco si se ha pasado al lado oscuro de la fuerza.
En los últimos tiempos viste de negro riguroso, o es el azul del uniforme que es nuevo y con el ahorro de luz parece más oscuro.  Cuando la veo en el suelo por que ha venido el banco, no se si está contando sobres, o trazando con ellos un círculo perverso y demoníaco.  Enseguida se le inyectan los ojos,  y yo salgo por piernas hacia el voult.

Los encargados son personas normales al principio, buenos trabajadores, gente dispuesta a sacrificios, condescendientes e incluso compasivos, comprenden tus problemas y tu observas los suyos, que florecen sobre su mesa como si la limpiasen con abono nitrogenado. Son tantos que suelen despertar tu indulgencia, una especie de instinto paternal o maternal de socorrer al pobre desvalido, que reparte sus horas con cuentas que no cuadran y un extremado azogue de teléfono sobre la oreja, que suele terminar escocida  los dos primeros meses.
Sin embargo después, cambian los vientos, se enseñorean del cargo, se vuelven displicentes y mandones, cambian su nerviosismo por prudencia, se vuelven misteriosos, suspicaces y secreteros.

Encargado orgulloso de sus secretos 
Yo mismo, cuando pregunto a la encargada, suele encorvarse, y con voz baja y cavernosa me contesta: "Mi tesoro, mi información es mi secreto, es sólo para mi, es mi tesoooro...!"

Últimamente las cosas están tensas, las ventas han bajado tanto, que algunas veces hay que reverenciar de tal manera a los clientes que parecemos viborillas, arrastrándonos entre palabras cenagosas que nos permitan atrapar una presa.

La cosa está jodida, bien jodida.  Nuestro Jefe de Zona, manda sentencias por email , como si enumerase las plagas del viejo testamento, no nos anuncia más que malos augurios, como nos emperremos nos mandará un diluvio universal que dejará en una ahogadilla el maremoto de Japón.

Brota pinchando el miedo, como si fuera vello púbico afeitado que renace  con desazón e impertinencia.  En este oficio todos tenemos miedo, y el que no esté en el grupo puede marcarse un paso al frente, pero siempre con calma, con prudencia, por que, como los voluntarios en la 'mili', nunca sabes la que te va a caer.

Todos tenemos miedo, por que la puta crisis se ha extendido como peste bubónica por todos los confines del globo, y no hay mañana que no contagie a un conocido o a un amigo, y a nosotros nos levantan el dedo nuestros Jefes, como Jesús el Rico hace lo propio en Málaga, pero no para darnos parabienes ni salvarnos, sino para ponernos en un brete, para señalarnos por que no vendemos suficientes SPOs, o los bastantes rascas como para frenar este tsunami de pobreza.  Y cuando el 'cristo' nos señala, estamos ya jodidos, pues somos carne de cañón, sin más camino que huir hacia delante,  y ni aún así puede salvarse alguno de la quema.

Los encargados son distintos, han levantado el escudo de hermetismo, y esconden por debajo más miedo que secretos, y a la más mínima señal de represalias, corren aullando por el temor a que un disparo sin destino les alcance. Y huyen despavoridos, agarrando su silla bajo el brazo, como las alimañas cuando sobreviene un naufragio, olvidando lo que queda a su espalda y a quienes han dejado atrás. Son humanos con ademanes de serpiente.



Acuden a reuniones, y ellos tamizan convenientemente los datos para que sean apocalípticos. Uno de tantos de esos secretos de confesión que les explican a los encargados, les aconseja guardar la información benigna, mostrar la  realidad más cruda, la que acojone de verdad: 'no hay salvación sin ventas de postín, iremos al infierno de cabeza', y ellos detrás, si nos desvelan que la 'presión' es la postura requerida para subir las ventas, que se consigue más forzando tuercas que dando cuartelillo.

Encargado cabrón  (Campsared Blog)
En realidad muchos asuntos no nos los cuentan para que siga habiendo diferencias entre la plebe que somos los de abajo, y la clase burguesa que son ellos.  Esa frontera es la que dictan en la empresa los jefes, y se contagia pronto, como la varicela en un colegio, entre los nuevos encargados. Yo la sufrí también, o tal vez algo parecido, llega a cegarte y te convierte en un imbécil deplorable.

¡Mas información por favor, más comunicación!, somos plebeyos pero nos gusta saber cosas, no solo la matrícula de un coche que se fuga, o el número concreto  de naranjas que hay que vender para obtener la 'bendición papal', queremos saber más que lo que marca cualquier ranking de los cojones, o ese jodido presupuesto que hay que cumplir para la cuadratura perfecta de las cuentas.  Hay rumores, noticias, asuntos que no tienen que ver con la presión ni con las ventas, sino con el compañerismo, con la salud mental de los trabajadores, complicidades entre socios, por que lo cierto es que todos estamos en el mismo barco, aunque tengamos distintos camarotes, nosotros en la proa, y ellos al timón,  no cabe rebelión a bordo, hay que seguir la travesía hasta remando, pero sin latigazos, sin engaños, sin falsas expectativas y haciendo piña todos juntos. 
Mientras los encargados mantengan sus secretos de unicornio dentro de la oficina,  a los expendedores nos seguirán pareciendo unos cabrones  con unas astas del tamaño de unos panes de leña.

Cambiemos las encuestas (Campsared Blog)

martes, 2 de noviembre de 2010

LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA

No muy lejos de donde vivo hay una gran mansión, es una casa tenebrosa, siniestra, repintada de azul marino, casi negro, las ventanas están siempre cerradas, las cortinas echadas y sus habitantes son adustos. Dicen las malas lenguas que a veces comen carne cruda.

Los vecinos apenas los conocen, un halo de misterio y una muy sórdida leyenda negra rodean el edificio.
Los niños corren cuando pasan delante de ella, los ecologistas portan dientes de ajo, las muchachas en flor no quieren ni asomarse, y todos se persignan y pasan con respeto frente al lúgubre caserón.

Los que vivimos cerca vemos sus árboles podridos, abandonados dentro de un jardín sucio, reseco y triste, con flores muertas y unas cuantas plantas  ajadas porque no hay quien las riege, o hasta prefieren que estén así.
A su alrededor jamás vuelan los pájaros, y sobre el suelo yermo apenas crecen malas hierbas. Es un lugar sombrío y siniestro como las personas que entran y salen, unos tristes, otros serios, otros con látigos o cartas de apercibimiento.
Traspasar el umbral de aquel lugar es de mal rollo, como si cruzas Las Barranquillas por la noche, como si repasas las caries de un león.
Cuenta la leyenda que un joven arrogante y ambicioso secuestró a la doncella Campsared, virgen y martir, y la sedujo sometiéndola a sus juegos carnales, y que, al cabo de los años, enloquecido por el afán de lucro la puso a hacer la calle, y a sus hijos a hacer la venta activa.

Últimamente los vecinos oyen moverse muebles por la noche, traslados dentro de la casa, en secreto, misivas escritas con la sangre de algunos encargados, ruido de sables, expendedores que no vuelven, vísceras de cadáveres, corazones e ilusión devorados, arrancados durante el sacrificio ritual de arruinar vidas.

El vecindario quiere vivir en paz. Yo, como todos, sueño con un mañana despejado y liviano, con noches claras y serenas, con un trabajo digno y apreciado, libre de fieras que me acechen.

Esta noche he sacado a pasear al perro y he visto otro cadaver de un encargado en la basura. Los habitantes de la casa aullan con lujuria en noches como ésta.