Estimado señor Apoitia:
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COMPAÑEROS DE CAMPSARED
"Podeis decir lo que pensais de vuestros encargados, de los objetivos, de la venta activa, de los cursos, de Sumando valores, seguridad, promotores del cambio, sindicatos, y todo lo que querais. Hubo en tiempos un blog de un compañero en donde mucha gente dejó sus comentarios, hoy no existe y por eso nace Campsared blog, para reunir a todos, para los COMPAÑEROS DE CAMPSARED"
Este blog como indica en la cabecera es sólo la continuación del creado por el compañero EXPENDEDOR-VENDEDOR el 20 de noviembre de 2008 y que por problemas técnicos fue imposible actualizar. Como aquel, mantiene la idea de tener una plataforma de comunicación, de reivindicación y sobre todo un medio de expresión para todos los trabajadores de CAMPSARED.
Bienvenidos a este foro de diálogo e información.
Recordar que si visitais esta página por PRIMERA VEZ, para conocer el contenido completo de este blog debeis comenzar por el antiguo blog pinchando en este enlace:
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viernes, 16 de diciembre de 2011
CARTA, por despistatus
viernes, 9 de diciembre de 2011
EL CRACK (2ª Parte)
Aquello fue el principio de una carrera al estrellato. Se convirtió en un correturnos compulsivo. Iba cubriendo bajas temporales y puntuales en estaciones diferentes y lejanas, durante un añó hizo más carretera que un conductor de La Continental. Estuvo en estaciones muy pequeñas, y en otras grandes, apropiadas para lucirse en su esplendor. En todas batió records, en todas rompió la media de las ventas dejándola unos puntos por arriba. Le invitaron a mas sesiones Vip de Estación 10, de Sumando Valores, pero el en vez de envanecerse, redoblaba su esfuerzo y trabajaba también en esos días, doblando turnos las veces que podía. Hasta de noche vendía productos con denominación de origen a través de la ventanilla. No había jornada que sus ventas fueran más bajas de cien euros, y otros cien en productos de la ONCE, sii era preciso prolongaba su turno por dos y hasta tres horas. Todo un caso.
A veces, te llamaba a tu casa para pedirte que vinieras más tarde, - ¿No te importa que trabaje un par de horas por ti? -
- ¡Hombre, a mi me pirria levantarme temprano para trabajar, pero si te empeñas! -
Con ese afán innato de conseguir la gloria, no sólo vendía como el super del barrio, también era perfecto para ofrecer los rascas, y las K's, chocolatinas, refrescos, promociones, cualquier cosa, desde que entraban los clientes, los hechizaba con las bondades sobre la calidad y el fabuloso precio. Si hubiésemos vendido apartamentos en la playa, hubiese liquidado Benidorm en tres semanas, y Torremolinos en dos.
No descansaba para comerse el bocadillo, hacía el relevo 20 minutos antes de la hora, alargaba sus turnos media hora para aumentar las ventas, animando a los conductores desde la misma puerta.
- ¿Ha probado nuestras naranjas?, son riquísimas, ¡Que digo ricas! ¡Espectaculares!, ¿Y el queso? ¡Dios bendito, qué queso! Lo fabrica mi abuelo en una cueva. No pierda la oportunidad, en serio, ¡Y qué paletillas! Cuestan 300 € y las estamos liquidando por cincuenta. Nunca podrá probar productos como estos. Los tiene todos en nuestra tienda, si no los compra se arrepentirá -
Su voluntad y su tesón eran inagotables. Dos o tres veces por semana, terminaba su turno y se marchaba a hacer traspasos, quería tener a punto la mercancía en la tienda, que no faltara nada, ni unas horas. No era capaz de tener libre más de un día, y cuando esto ocurría, cogía su coche y hacía portes desde los almacenes de Logista para traerse el pedido semanal en cinco o seis viajes.
Por supuesto, no se esperaba a que el repartidor trajera los melones o las naranjas cada semana, sino que se iba hasta Valencia o hasta Tomelloso con su coche y la familia, y se traía las cajas en el maletero y sobre las rodillas de los niños y la mujer.
Pasaron varios meses y fue condecorado. Le concedieron la Cruz al Mérito Civil para gasolineros de primera clase, y el 'Carburol de oro', premio especialmente creado para alabar su gran trabajo en el desempeño de sus obligaciones como expendedor vendedor. El Oscar de los gasolineros. El no va más.
Su rostro fue publicado en circulares, en revistas del ramo, en vídeos de la empresa, hasta en las navidades, nos regalaron un porta fotos de llavero con su cara. Era el hombre del año. Se comentó que podía dar las campanadas junto a la Igartiburu.
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viernes, 2 de diciembre de 2011
EL CRACK (1ª parte)
Era un deportista completo. Toda una vida de entrenamientos y esfuerzo cotidiano, mañana y tarde para lucir en muchas disciplinas: atletismo, natación, ciclismo, hasta boxeo. Le gustaba ser el mejor, conquistar metas, superarse a si mismo. Poseía disciplina, coordinación e inteligencia, dominaba enseguida a sus rivales, aunque tuviera cara de todo lo contrario. En su fuero interno se había fijado una meta que le inculcó su abuelo desde chico: quería llegar a ser gasolinero como él.
| El "Crack" (Campsared Blog) |
Durante varios meses se estuvo preparando a conciencia, normativas, legislación, venta cruzada, venta horaria, idiomas, sabía que alguna vez le llegaría su momento, la oportunidad que anhelaba. Había hecho varías suplencias pequeñitas, de días, y nunca pudo sobresalir en ellas. Por eso no dudaba en echar currículos en todas las gasolineras de su zona.
Durante su vida, había ganado varios campeonatos y títulos, pero le gustaban los desafíos, por eso estaba ahí, esforzándose siempre como el mayor pringao que había en la empresa y aledaños, y entonces, se produjo el milagro, una baja de última hora, y aprovechó ese trance para buscar su sitio en el Olimpo. Un email de una Delegación cualquiera publicaba el aviso:
- Nos hace falta alguien para cubrir una baja en la operación salida de la A-3 esta semana santa.
- No, si solo vas a estar de todas formas, el refuerzo también está de baja. ¿Pero te atreves? Es una salida de puente - Le insistieron.
- Lo que sea, yo por la empresa lo que sea -
Aquel gesto sin duda, gustó a su Jefe, al encargado, y agradó al Delegado Regional, que se frotó las manos en clara muestra de optimismo.
- Tienes que aprovechar, vender al menos 300 € en SPO, doscientos sándwiches, el palé entero de refrescos y tropecientos dulces. ¡Y no te olvides de los Rascas! 150 ó 180 estarían bien , y las ofertas... ¡Y dos o tres paletas!, ¿No será mucho para tí? -
- En absoluto, ni hablar, yo, lo que sea, yo por mi empresa ¡MA-TO! -
El gracejo y la valentía de aquel expendedor despertó el interés de varios superiores en la Delegación.
- ¡Vaya huevos! - Exclamó un Técnico de Zona.
- ¡Que se joda! - Dijo otro - Que ponga el culo por candelero si se quiere ganar un puesto- Comentario que hizo estallar las risas en todo el auditorio.
- Pues si, que se lo curre, que esa es su obligación, aquí no queremos perroflautas-
- ¿Y si no alcanza lo que dice? -
- Pues le largamos una charla del copón para que se cague encima - dijo uno.
- Le amenazamos con echarle a la calle - añadió otro, - y le mandamos una carta de apercibimiento.
- Eso, eso - dijo un tercero.
- ¿Y los sindicatos? - Adujo el más novato. Y los antiguos se miraron entre ellos sin poder reprimir otro aluvión de risas que sacudieron las paredes de aquella habitación. Hubo hasta alguno que se cayó de espaldas en la silla.
- Le amenazamos con echarle a la calle - añadió otro, - y le mandamos una carta de apercibimiento.
- Eso, eso - dijo un tercero.
- ¿Y los sindicatos? - Adujo el más novato. Y los antiguos se miraron entre ellos sin poder reprimir otro aluvión de risas que sacudieron las paredes de aquella habitación. Hubo hasta alguno que se cayó de espaldas en la silla.
Dos días después, llegó el momento clave de aquel temido día. Hicieron el relevo y allí quedó este hombre ante el peligro. La suerte estaba echada en el intento, y el baile empezó pronto. Comenzaron a amontonarse coches en la pista, pim pam pum, y aquel muchacho vende que te vende, ¿Unos garbanzos? ¿Cerezas?, ¿Unas naranjas? ¿Unos chicles de oferta caballero? ¡Como! ¿No va a llevarse unas patatas o unos fritos? Snikers 2x1, sándwich más cocacola, quince cafés, ocho con leche, cuatro cortados y tres solos... ¡Marchando! -
Fue una batalla encarnizada. Durante un par de horas se le fue incluso la Solred. Se enganchó con precinto su movil a la oreja, y sin colgar, hizo bacaladeras una tras otra sin parar, cincuenta, cien... ¡Qué se yo cuantas!.
Al final de la tarde llegó el relevo, y el merecido descanso a aquella lucha sin cuartel. Estaba extenuado, sin aliento, con un hilo de voz, con las yemas de los dedos enrojecidas, la mirada perdida, exhausto, se había orinado encima para no perder tiempo en ir al baño, pero lo había logrado, había cumplido con creces su trabajo, había vendido todos los objetivos, los cupones, toda la torre de naranjas, las paletillas, casi todos los quesos y el aceite. Con su actitud había superado muchas expectativas. Había nacido un "crack"
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martes, 21 de junio de 2011
SER PUTAS Y PONER LA CAMA
El respetable oficio de la prostitución conlleva más sinsabores que placeres, la asunción voluntaria de un trabajo jodido como ése, no es una fácil elección, ni trae satisfacciones mas allá de las momentáneas al recibir el pago a su trabajo, que más que otros y como otros, requiere desconectar el corazón y detener los sentimientos para que las nauseas, la rabia y la desesperanza no te aplasten contra la realidad de cada día.
Pues bien, lo de poner la cama siempre se ha considerado un plus de calidad remunerable, un extra, por que entre las herramientas y accesorios que precisan en su labor, el de la cama es el que determina si aquello tiene cierta calidad o es un aquí te pillo aquí te mato de consecuencias peligrosas.
Nuestra empresa, que ya nos 'prostituye' merced a una vaga definición de las tareas de expendedor y de encargado en el convenio: "todas aquellas tareas encaminadas a una adecuada explotación del punto de venta", saca de su chistera de prestidigitador con ínfulas de mandatario bananero, una medida tras otra para acortar, reconducir y dominar la voluntad, los pensamientos y hasta el habla. Sabemos que en horas de trabajo, las palabras son competencia de la empresa, y éstas han de ser cánticos a la mercadotecnia, no se debe gastar saliva en vano.
De unos 'espantapájaros' con la nariz en forma de mazorca, hemos pasado a ser autómatas con vocación de robocops y múltiples aplicaciones. Nos han ido acoplando cometidos (no siempre bien remunerados), directivas, protocolos de actuación y de trabajo, y ahora nos pedirán, arropados por el gobierno -y esos pactos y reformas indignas-, que 'pongamos la cama'. Europa enciende el fuego con su Pacto del Euro, y el gobierno pone la música para que entremos en el baile. Los sindicatos 'nos defienden', si, echan pulsos de fuerza que terminan en amigables y compartidas jarras de cerveza, y otra vez a apretar, más cerveza y más apretones, al final se despiertan en el catre con otro sin saber cómo ni que ha pasado, ni quien pagó la cama ¿Los trabajadores?.
La verborrea de nuestros sindicatos tiene más de sainete para "Enemigos íntimos" de Tele 5, que de auténtica indignación por el recorte de derechos y la perdida de seguridad en el empleo (Voy a tener que unirme al grupo de protesta que vapulea a los sindicatos con estacas y piedras al grito de "vendidos").
Nuestros representantes sindicales negocian entre espejos, como en aquella película de O.Wells, de tal manera que se reflejan y se mezclan, y uno no sabe lo que vota y quien sale ganando. Entre tanto vamos perdiendo los de siempre, nos desahucian del territorio conseguido tras años de campaña (Decía hace poco el ínclito gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en un ataque de indecencia, que 'los trabajadores obtuvieron excesivas ventajas en las etapas socialistas de los años 80'), retrocedemos como si nos robaran suelo bajo los pies, tanto que caminamos al borde del abismo como trabajadores y como ciudadanos. Nos hemos convertido más que nunca en marionetas, en muñecos de pim pam pum que alguien derriba alegremente para ganarse el oso de peluche. Nunca fuimos tan 'putas' , y ahora tendremos que poner la cama.
En poco tiempo, si consigues comprar una vivienda (¡Atención milagro!), por que tu inmobiliaria, tu banco y el patrón de los casos imposibles San Judas se han unido, consigues tu hipoteca pero no puedes desgravar por ella (La compraventa de viviendas se ha desplomado en mayo, pues claro, ¿Esa medida favorecía a alguien? ¿...?), desaparece el plan prever (Y las ventas de coches se despeñan) y ahora sacan un plan de ayuda urgente para salvar la situación (¿Os acordais del baile de la Yenka?).
Los impuestos no bajan, ni el euribor, ni las multas, ni los parados, pero desaparecen las ayudas, nos deniegan los préstamos, los sueldos siguen tiesos, y las ofertas de trabajo son escasas como los cuatro pelos de la calva de un fraile, si uno es casposo, el otro es triste y lacio. No tenemos expectativas de futuro. La jubilación se prolonga como el suplicio de un moribundo, pero eso si, cobrando menos porque nuestra pensión, si es que logramos alcanzarla, se calculará sobre los últimos 25 años, o tal vez más, desde que conseguimos ese primer trabajo de canguro por horas, o de buzoneador itinerante. El caso es arañar, escurrir nuestras cifras para que sean famélicas, inconcebibles, y que nos tengan siempre con el agua al cuello.
Las empresas (y empresarios) mientras tanto, se han revolucionado, como la población de un hormiguero con un trozo de carne. Se han lanzado al ataque para comernos los derechos y las opciones de protesta, y se mueven deprisa conocedores de cada recoveco y galería de sus cuevas, y nos devoran sin recato, verbigracia "teneis que devolvernos los descuadres", "Teneis que trabajar hasta las doce", "No cobrareis las horas sin los justificantes" "Hay que vender rascas y roscos, y hacer el pino-puente a la hora tal...".
La empresa es nuestro chulo, nos conduce, nos manda, nos amenaza y nos maneja como un curtido proxeneta, regateándonos la ganancia y obligándonos a relaciones sin control y sin límite. Ponemos los condones y la cama, soportamos los entripados, la vergüenza y la rabia; somos más 'putas' cada día.
Ahora el gobierno dicta su ley sobre los enfurruñados sindicatos, que no furiosos ni indignados, un enfado ligero, como si se tratara de una partida al mus con amarracos con forma de personas, y se nos pide que entendamos, que aflojemos las pretensiones, que aguantemos el temporal que los trabajadores no hemos provocado. Nuestros políticos jugaron y perdieron, nuestras empresas y los bancos consintieron con risas mientras atiborraban las carteras y ahora nos piden que entendamos, que comprendamos a nuestros empresarios, que apretemos el culo y que vendamos lo invendible, nuestro cuerpo y el alma si es preciso para salvar la situación.
Y nos lo piden los políticos, "unos economistas 'tan buenos' que no supieron predecir los fallos del sistema financiero ni alertar de los peligros de nuestro modelo productivo, que no han explicado por qué las ayudas al sistema financiero no se han transmitido al sector real, y que simplemente llevan años limitándose a tratar de inculcarnos que todos nuestros problemas se reducen a dos cuestiones clave: las regulaciones del mercado laboral y el excesivamente generoso sistema de protección social. Sin embargo, eluden explicarnos cómo este sistema regulatorio -que, según sugerencia de Fernández Ordóñez, “crea pánico a contratar”- pudo en el pasado reciente generar el mayor crecimiento de empleo de nuestra historia, al tiempo que permitía que el peso de las rentas del trabajo se mantuviera constante a lo largo del tiempo a pesar de que el crecimiento provocó un notable aumento del porcentaje de asalariados en la población ocupada".
No somos los culpables está claro, pero la reforma que regula la negociación colectiva y que aprobaron hace unos días, nos exige ahora poner la cama. Cualquier falta de acuerdo en temas de convenio será resuelta por un arbitro nombrado por... ¿? y de ideología...¿?, dos cuestiones tan importantes que da pavor pensar a quien le tocan y por qué.
Cuantas más veces leo las condiciones más pena y miedo siento por la suerte de los trabajadores en España. Los últimos acuerdos sobre negociación, relegan los derechos y hacen retroceder las condiciones laborales a los años setenta. Con la palabra "flexibilidad", se nos condena a múltiples penurias, se fortalece al empresario, que si ya antes manejaba las cosas con el conocido: "Esto son lentejas...", ahora tendrá herramientas de extorsión fabulosas para amedrentar a los obreros.
En definitiva, retrocedemos los curritos. De un modo u otro pagamos la factura de la clase política, de los empresarios codiciosos y de nuestros pasmados sindicatos. Europa exige austeridad y todas las miradas nos señalan como los escogidos para pagar el pato.
Por la torpeza de unos cuantos, vamos a vivir compungidos y con el culo al aire, y por supuesto, por que lo ha dicho un Real Decreto, poniéndoles la cama para que nos follen a gusto cuando quieran. Y por poco dinero.
Pues bien, lo de poner la cama siempre se ha considerado un plus de calidad remunerable, un extra, por que entre las herramientas y accesorios que precisan en su labor, el de la cama es el que determina si aquello tiene cierta calidad o es un aquí te pillo aquí te mato de consecuencias peligrosas.
Nuestra empresa, que ya nos 'prostituye' merced a una vaga definición de las tareas de expendedor y de encargado en el convenio: "todas aquellas tareas encaminadas a una adecuada explotación del punto de venta", saca de su chistera de prestidigitador con ínfulas de mandatario bananero, una medida tras otra para acortar, reconducir y dominar la voluntad, los pensamientos y hasta el habla. Sabemos que en horas de trabajo, las palabras son competencia de la empresa, y éstas han de ser cánticos a la mercadotecnia, no se debe gastar saliva en vano.
De unos 'espantapájaros' con la nariz en forma de mazorca, hemos pasado a ser autómatas con vocación de robocops y múltiples aplicaciones. Nos han ido acoplando cometidos (no siempre bien remunerados), directivas, protocolos de actuación y de trabajo, y ahora nos pedirán, arropados por el gobierno -y esos pactos y reformas indignas-, que 'pongamos la cama'. Europa enciende el fuego con su Pacto del Euro, y el gobierno pone la música para que entremos en el baile. Los sindicatos 'nos defienden', si, echan pulsos de fuerza que terminan en amigables y compartidas jarras de cerveza, y otra vez a apretar, más cerveza y más apretones, al final se despiertan en el catre con otro sin saber cómo ni que ha pasado, ni quien pagó la cama ¿Los trabajadores?.
La verborrea de nuestros sindicatos tiene más de sainete para "Enemigos íntimos" de Tele 5, que de auténtica indignación por el recorte de derechos y la perdida de seguridad en el empleo (Voy a tener que unirme al grupo de protesta que vapulea a los sindicatos con estacas y piedras al grito de "vendidos").
Nuestros representantes sindicales negocian entre espejos, como en aquella película de O.Wells, de tal manera que se reflejan y se mezclan, y uno no sabe lo que vota y quien sale ganando. Entre tanto vamos perdiendo los de siempre, nos desahucian del territorio conseguido tras años de campaña (Decía hace poco el ínclito gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en un ataque de indecencia, que 'los trabajadores obtuvieron excesivas ventajas en las etapas socialistas de los años 80'), retrocedemos como si nos robaran suelo bajo los pies, tanto que caminamos al borde del abismo como trabajadores y como ciudadanos. Nos hemos convertido más que nunca en marionetas, en muñecos de pim pam pum que alguien derriba alegremente para ganarse el oso de peluche. Nunca fuimos tan 'putas' , y ahora tendremos que poner la cama.
En poco tiempo, si consigues comprar una vivienda (¡Atención milagro!), por que tu inmobiliaria, tu banco y el patrón de los casos imposibles San Judas se han unido, consigues tu hipoteca pero no puedes desgravar por ella (La compraventa de viviendas se ha desplomado en mayo, pues claro, ¿Esa medida favorecía a alguien? ¿...?), desaparece el plan prever (Y las ventas de coches se despeñan) y ahora sacan un plan de ayuda urgente para salvar la situación (¿Os acordais del baile de la Yenka?).
Los impuestos no bajan, ni el euribor, ni las multas, ni los parados, pero desaparecen las ayudas, nos deniegan los préstamos, los sueldos siguen tiesos, y las ofertas de trabajo son escasas como los cuatro pelos de la calva de un fraile, si uno es casposo, el otro es triste y lacio. No tenemos expectativas de futuro. La jubilación se prolonga como el suplicio de un moribundo, pero eso si, cobrando menos porque nuestra pensión, si es que logramos alcanzarla, se calculará sobre los últimos 25 años, o tal vez más, desde que conseguimos ese primer trabajo de canguro por horas, o de buzoneador itinerante. El caso es arañar, escurrir nuestras cifras para que sean famélicas, inconcebibles, y que nos tengan siempre con el agua al cuello.
Las empresas (y empresarios) mientras tanto, se han revolucionado, como la población de un hormiguero con un trozo de carne. Se han lanzado al ataque para comernos los derechos y las opciones de protesta, y se mueven deprisa conocedores de cada recoveco y galería de sus cuevas, y nos devoran sin recato, verbigracia "teneis que devolvernos los descuadres", "Teneis que trabajar hasta las doce", "No cobrareis las horas sin los justificantes" "Hay que vender rascas y roscos, y hacer el pino-puente a la hora tal...".
La empresa es nuestro chulo, nos conduce, nos manda, nos amenaza y nos maneja como un curtido proxeneta, regateándonos la ganancia y obligándonos a relaciones sin control y sin límite. Ponemos los condones y la cama, soportamos los entripados, la vergüenza y la rabia; somos más 'putas' cada día.
Ahora el gobierno dicta su ley sobre los enfurruñados sindicatos, que no furiosos ni indignados, un enfado ligero, como si se tratara de una partida al mus con amarracos con forma de personas, y se nos pide que entendamos, que aflojemos las pretensiones, que aguantemos el temporal que los trabajadores no hemos provocado. Nuestros políticos jugaron y perdieron, nuestras empresas y los bancos consintieron con risas mientras atiborraban las carteras y ahora nos piden que entendamos, que comprendamos a nuestros empresarios, que apretemos el culo y que vendamos lo invendible, nuestro cuerpo y el alma si es preciso para salvar la situación.
Y nos lo piden los políticos, "unos economistas 'tan buenos' que no supieron predecir los fallos del sistema financiero ni alertar de los peligros de nuestro modelo productivo, que no han explicado por qué las ayudas al sistema financiero no se han transmitido al sector real, y que simplemente llevan años limitándose a tratar de inculcarnos que todos nuestros problemas se reducen a dos cuestiones clave: las regulaciones del mercado laboral y el excesivamente generoso sistema de protección social. Sin embargo, eluden explicarnos cómo este sistema regulatorio -que, según sugerencia de Fernández Ordóñez, “crea pánico a contratar”- pudo en el pasado reciente generar el mayor crecimiento de empleo de nuestra historia, al tiempo que permitía que el peso de las rentas del trabajo se mantuviera constante a lo largo del tiempo a pesar de que el crecimiento provocó un notable aumento del porcentaje de asalariados en la población ocupada".
No somos los culpables está claro, pero la reforma que regula la negociación colectiva y que aprobaron hace unos días, nos exige ahora poner la cama. Cualquier falta de acuerdo en temas de convenio será resuelta por un arbitro nombrado por... ¿? y de ideología...¿?, dos cuestiones tan importantes que da pavor pensar a quien le tocan y por qué.
En definitiva, retrocedemos los curritos. De un modo u otro pagamos la factura de la clase política, de los empresarios codiciosos y de nuestros pasmados sindicatos. Europa exige austeridad y todas las miradas nos señalan como los escogidos para pagar el pato.
Por la torpeza de unos cuantos, vamos a vivir compungidos y con el culo al aire, y por supuesto, por que lo ha dicho un Real Decreto, poniéndoles la cama para que nos follen a gusto cuando quieran. Y por poco dinero.
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