COMPAÑEROS DE CAMPSARED

"Podeis decir lo que pensais de vuestros encargados, de los objetivos, de la venta activa, de los cursos, de Sumando valores, seguridad, promotores del cambio, sindicatos, y todo lo que querais. Hubo en tiempos un blog de un compañero en donde mucha gente dejó sus comentarios, hoy no existe y por eso nace Campsared blog, para reunir a todos, para los COMPAÑEROS DE CAMPSARED"




Este blog como indica en la cabecera es sólo la continuación del creado por el compañero EXPENDEDOR-VENDEDOR el 20 de noviembre de 2008 y que por problemas técnicos fue imposible actualizar. Como aquel, mantiene la idea de tener una plataforma de comunicación, de reivindicación y sobre todo un medio de expresión para todos los trabajadores de CAMPSARED.



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miércoles, 29 de febrero de 2012

LO QUE NOS MERECEMOS

Lo dijo el ministro de hacienda, lo dijo Sainz de Santamaría, y finalmente lo reafirmó el mismísimo Rajoy: "A corto plazo, esta reforma no va a crear empleo".  Así, tal cual, como lo estais leyendo, esta reforma solo sirve para minar derechos laborales, salariales y sindicales, para que los trabajadores sepan, que tienen un pie en la zona de trabajo, y el otro sobre una cascara de plátano. No queremos en los trabajos gente acomodada, de bolsillo suelto, que en cuanto te descuidas compran una tele de plasma o un piso con piscina, nuestro gobierno quiere gente acojonada, que trabaje por cualquier sueldo, y que no levante la mano ni para pedir ir al baño, que bastante tienen con los minutos de bocadillo.  Tal vez en el futuro se elimine también ese concepto (cuando se arregle el derecho a la huelga, por ejemplo), todo sea por la productividad, para que se mantengan en buena linea, sin pan ni grasas saturadas, cualquier cosa pensando en el bien de los trabajadores.

Este es el quid, 'beneficiar a los obreros'.  Mª Dolores de Cospedal lo ha repetido varias veces: "el P.P. es el partido de los trabajadores"; con un par. Y el resto de partidos de izquierda deben ser colectivos de segunda donde se alojan vagos, maleantes y sanguijuelas de este país. Lo dicho, con un par.
Y si el P.P. es el partido de los trabajadores y se desvive por corregir sus desfasados derechos, ¿quién se ocupa de los parados?.  Si la reforma no va a crear empleo de inmediato, ¿qué mierda de reforma es ésta?.  Perdón..., por lo de 'reforma', ¿Qué mierda de tejemaneje es éste?

Los que están en el paro tienen que estar disfrutando de lo lindo, casi tanto como los que tenemos un trabajo. De modo que, se ha modificado el mercado laboral para crear empleo... ¡A largo plazo!.
Los que ahora están parados si es que quieren comer caliente, ya pueden ir aprendiendo a hacer caldos, como Charlot, poniendo a hervir sus viejas botas de trabajo, por que el gobierno no ha previsto que trabajen en breve, sino cuando la situación mejore. Ole sus huevos.

Quienes tienen impagos de hipotecas, los que se asfixian con facturas que a duras penas consiguen abonar, los que malviven buscándose la vida por que el sistema no da para crear empleo, observarán ojipláticos como toda esta diabólica reforma concebida con el propósito principal de crearlo, va a aplazar sine die su objetivo consiguiendo tan solo poner patas arriba los derechos de los de abajo, para satisfacer y mejorar las condiciones de los de arriba. Viva la madre superiora.

Debo de ser poco objetivo. Como tengo trabajo no puedo comprender la delicada operación de reforma, mi cerrazón de obrero poco cualificado, no me deja entender la singular maniobra, y allí, donde el gobierno ve una perfecta y exquisita reforma, yo veo abaratamiento del despido, que en el mejor de los casos, conseguirá sustituir la mano de obra actual, por otra nueva y más precaria, "las gallinas que entran por las que salen" que diría José Mota.  Es decir, creación de empleo, puede, reducción del paro, en absoluto.

Y lo peor de todo es que tenemos lo que nos merecemos, estamos embarcados en un viaje satánico, y no parece que queramos bajarnos. Las movilizaciones (19-f y 29-f) han sido un tanto desinfladas -no por falta de gente, sino de bríos-, muy tranquilas, como de procesión,  como marchas cicloturistas, con muy buen rollo y gente disfrazada, nada de multitudes exaltadas -salvo los estudiantes, y era por otra cosa-, nada de encendidas proclamas que como un vendaval sacudieran la conciencia política. Acaso algunos vientecillos molestos moviendo las cortinas, o enredando la ropa que había en el tendedero, nada que no se solucione recogiendo la colada, y cerrando alguna ventana.  No ha hecho falta asegurar los batientes ni clavetear tablones para escudarse del torbellino de protestas.  Ésa es al menos la conclusión sacada por los afines al P.P., que consideran insuficientes las movilizaciones, y "muy distantes del apoyo masivo obtenido por su partido en las urnas" (sic).  La manifestación de miles de españoles no ha sido explícita, ni lo será (parece ser) la huelga que tanto cuesta convocar. Tal vez, por que España es un país sometido, resignado a su suerte, que ya no tiene fuerza para levantar puños -casi ni para alzar los culos del asiento-, la teoría pepera del  todo a 20, del cinturón bien prieto fajando con rigidez la cinturilla, ha conseguido calar en esta sociedad malherida, convenciendo -y me cuesta escribirlo- tanto a los empresarios (eso es lógico), como a los trabajadores y curritos en general (a una buena parte por lo menos).


Todo el mundo protesta en la barra de los bares, en la salida de las fábricas, alrededor de la máquina de café y en los mercados, pero, todos queremos que protesten los demás, que arreglen nuestros problemas los mismos que han montado este cirio, pero ellos, silban con disimulo, miran hacia otro lado, y esperan a que escampe.

Si quieres engañarte, puede que incluso, en medio de las manifestaciones se respirara cierto aire de victoria, de 'no nos moverán', pero la calle es una cosa, e internet o las urnas otra muy distinta.  Si rebuscas por foros en la Red, enseguida descubres un debate a dos bandas (¿Dos Españas?), que se llena de razones y que enfrenta posturas.  Los sindicatos han ido tanto tiempo con los pantalones bajados, que muchos piensan que incluso llevan puestos los tirantes prestados por la patronal, que siempre ha sido de llevar pantalones holgados, prendidos con elásticos,  y con grandes bolsillos donde meter los fajos de 500.

Con sindicatos desacreditados, con media España convencida de que el 'mesías' Rajoy va ha producir panes y peces, e incluso a abrir las aguas para que fluyan los empleos, nuestra travesía del desierto se da por descontada. Aunque juntemos siete plagas en forma de huelga general, vamos a tener que aguantar carros y carretas  hasta dentro de cuatro años por lo menos, y para entonces ¿Seguiremos trabajando?.






miércoles, 15 de febrero de 2012

SACRIFICIOS

La Reforma Laboral que se aprobó hace unos días, y de la que se hablará en los próximos meses (y no siempre bien), ha supuesto una sacudida de varios puntos en la escala de Richter, un cambio de escenario para la clase trabajadora, que donde antes encontraba un barbecho más o menos aprovechable, ahora tiene un vasto desierto donde difícilmente su siembra o su trabajo van a resultar provechosos mas que para salir del paso, para llevar una vida miserable, como la que aguantaba "el burro de la tía Vinagre", un futuro de sumisión, de miedo, y de sacrificio, muy alejados de la brillante y lujuriosa economía de los pasados años, donde el espíritu de la bon vivant nos impregnaba a todos, y solo nos faltaba, como en el dicho, atar los perros con longanizas de las buenas, de Graus como poco.

Ahora todo eso se acabó. Ha llegado el gobierno -el que sea- pues no me caben dudas que cualquier otro hubiese hecho lo mismo, dados el servilismo y dependencia de nuestras relaciones con la troika* europea, y ha dictado sentencia, y no hace falta adivinar quienes son los condenados en esta historia. Algunos con una mano atrás y otra delante, y los afortunados, con un trabajo por el que estamos dispuestos no solo a rebajar los sueldos hasta un 20 %, sino incluso a adoptar posturas apropiadas para que el empresario se desfogue, alegando eso si, cuestiones económicas, técnicas, organizativas o de producción, nos enfrentamos a un panorama que como poco, podemos calificar de deprimente. Si no teníamos bastante con la desesperanza de un país arruinado, va, y pare la abuela, y son quintillizos; más esfuerzo sin recompensa.

En un plis plas, hemos pasado de hacer sacrificios, a ser los "sacrificados", osea, de pasar hambre, a formar parte del menú.  Y ya no tiene arreglo. Mucho tendremos que gritar en esas calles, para qué quienes han dictado esta condena, cojan el tipex y se pongan a borrar lineas del Real Decreto como quien tacha nombres de una agenda antigua. Mucho me cuesta convencerme.

Tanto como a los sindicatos, que prudentemente, han decidido no quemar sus naves en un viaje suicida hacia la huelga, a sabiendas de que la 'armada' de que disponen, no es tan invencible como dicta la situación, o tal vez por ello precisamente. El caso es que, primero, van a testar las fuerzas con una serie de manifestaciones a nivel nacional, algo así como una cata del melón, no vaya a estar verde y nos llevemos un disgusto. Y después, con el tiempo y una caña, ya veremos que es lo que cae, y si cae algo, por que de esta reforma, hay dos miradas contrapuestas que no llegan a aclararse del todo. Por un lado está el Gobierno, que aplica contundentemente su estrategia de salvación, contando como quien no cree mucho en los milagros, que, de momento las cosas van a seguir así de mal, y posiblemente peor, de aquí a final de año; "La reforma en si misma no va a generar empleo a corto plazo", ha dicho el ministro de Hacienda.  Es decir, no las tienen todas consigo. Eso lo llamo yo, curarse en salud.

Enfrente están los sindicatos, apartados del cuestionario, a quienes tan siquiera les mandaron un whatsapp consultándoles su opinión, como pasando de ellos con cinismo, tratándoles con una indiferencia olímpica. Ellos, los sindicatos, que tampoco ven mucha claridad en este asunto, desconozco si por 'falta de luces', han decidido tomárselo con calma y esperar, a ver qué pasa, no vaya a ser que se pillen los dedos alentando la madre de todas las huelgas, y luego salga mal. Comprensible. Habida cuenta que los dedos son suyos, y que a nosotros, nos encontraron en la calle, y no somos gente muy de fiar, pues nos vendemos fácilmente por un plato de lentejas o por un contrato a tiempo parcial; lo mejor es templar la gaita y serenarse, como si estuviesen en la sala de espera de un postoperatorio, aguardando pacientemente que el enfermo salga de la anestesia, y a ver como ha quedado. Me recuerda a ese chiste en que el paciente pregunta al médico "Doctor, doctor, ¿Después de la operación podré tocar la guitarra?" "Claro que si", le contesta "¡Que bien!, por que no tenía ni idea de tocar"  Pues eso, los sindicatos van a esperar a ver si unos cuantos empiezan a tocar la guitarra, y finalmente pueden formar grupos y orquestas para salir adelante con sus familias y sus deudas, y lo que parecía una España desolada, va convirtiéndose en pequeños corrillos musicales. Y si no, ya hablaremos.

Y en medio, los trabajadores, como los pasajeros de un Titanic, oyendo los violines mientras vemos entrar el agua y alcanzarnos el cuello. ¿Esta Reforma va a generar empleo?,  el problema es el "cuando", por que mientras unos ya ven el barco hundido con las algas y peces viviendo el pelotazo acuático, otros (los empresarios), sin disimular la sonrisa, piensan que este histórico cambio, es el comienzo de "una buena amistad", pero ¿con quién?, por que unos vemos un Abaratamiento del Despido, en mayúsculas, y otros, un incentivo a la contratación. Para gustos no hay nada escrito, es evidente.

Como conclusión de esta historia, yo lo que veo es a unos sindicatos moribundos, como un morlaco tambaleándose después de la estocada. De un plumazo (y nunca mejor dicho), se les ha apartado de los conflictos laborales que en muchos casos, se decidirán unilateralmente, pues en la mano de un empresario, ahora está transformar las condiciones de trabajo, con traslados, cambios de horario,  rebajas de sueldo, y ¡hasta despidos por disminución de beneficios -no por pérdidas-, durante tres trimestres!, todo ello sin contar con los sindicatos.

"Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre" (Apocalipsis, cap.6, vers. 12).  Los sindicatos y los trabajadores, tenemos nuestro porcentaje de culpa por contemporizar, por reírles las gracias cuando no la tenían. Y ahora estamos, con el culo al aire.

Esto no es Grecia, pero podría llegar a serlo. Tal vez es el momento de llenar las bañeras y sacar la cuchilla de afeitar. En esta crisis nadie se tira por las ventanas como en los años 30, a lo mejor ha llegado el momento de hacerlo.
Pero también, podemos optar por agruparnos con más fuerza que nunca, y demostrarles, con manifestaciones, con huelgas, que el futuro, es más nuestro que suyo, que podemos cambiar las cosas desde la indignación. Es el momento de hacer un esfuerzo común para levantar nuestra voz, y que ésta, más que sonar, retumbe en los despachos de quienes quieren ofrecernos en sacrificio ajusticiando nuestros derechos y nuestras posibilidades de llevar una vida digna y edificar algún futuro. Apoyemos las movilizaciones. Es el momento de mover el culo.


*troika llamado así el triunvirato que forman los organismos europeos UE,FMI y BCE.

sábado, 23 de julio de 2011

BAJO DEL MAR

Solo somos unos cuantos, una parte representativa en todo caso del total, unos 'pescaditos' que se mueven entre el acuario y la sartén, temiendo que nos sirvan de menú cualquier día.

Como decía revoltosina tiempo atrás, en esta empresa y en el universo marítimo hay mal ambiente por distintas razones,  unos por que deben de soportar presiones muy por encima de lo admisible, como si sus pequeñas oficinas sin ventanas fueran un batiscafo a 10.000 metros bajo el mar, donde todo es amenazante y peligroso, donde unos bichos de entrañas transparentes o sin ellas, de corazón pequeño, o sin el, se mueven como escualos amenazándote con dentelladas
si tu movimiento no va al compás de la corriente.

Por otro lado están los pececillos, que mercadean con caracolas y conchas con origen, que venden chapapote licuado al por menor, y se mueven por aguas procelosas, obedientes como el velo de una medusa,  como peces de superficie embarcados en una tempestad. Que hay que ir arriba, pues se va, que ahora toca hacia abajo, pues de cabeza, que mañana nos dicen que de lado, pues a ponernos de costado y no se hable más.  Los pececillos  van en grupo, como una nube de bichillos, como un manto volátil que acepta raudo la dirección del agua tal vez por que la marejada nos asusta, o el temor a las redes nos aterra, pero por que mil ojos pueden más que dos, la realidad se ha retratado ante nosotros como un oscuro cascarón hundido sobre el fondo de una pecera, donde los peces agonizan por la falta de libertad y oxígeno añorando una claridad de luna llena que les haga soñar que hay esperanza más allá de aquellos cristales.

Hasta ahora hemos seguido el curso que imponen las corrientes, hemos doblado cabos y soportado tempestades, pero, se nos arroja contra las rocas, se nos maltrata por que las algas se han comido la vida y los recursos de la gente, el plancton no se mueve y hay un estancamiento de las aguas... Los sindicatos no se preocupan lo bastante del entorno, o se preocupan mal, y los peces estamos sumergidos ya hace unos años, en aguas sucias que cada vez se enturbian más.
El cardumen se mueve entre el malestar y el hartazgo. Aunque la voz y el rastro sólo quede en el blog porque gente como Maly o Antonio sacan la cabeza del agua, estoy seguro que muchos expendedores y encargados de toda España ya están hasta la aleta superior de soportar caprichos y de trabajar a disgusto.  No es cuestión de vender o no vender, todos entendemos los problemas y necesidades de incrementar las ventas, de procurar que el cliente compre y aporte su puñado de euros para que todos nos alimentemos decentemente .

El problema es la sobreexplotación de los recursos naturales y esas rocas con las que vamos estrellándonos en los últimos tiempos, unos acantilados levantados con el beneplácito de los sindicatos, que han negociado las distintas 'leyes de costas' con blandura excesiva permitiendo que se nos arrincone frente al arrecife, sometiéndonos a un acoso constante no denunciable, porque se trata de una presión disimulada, pero conocida por todos, un malestar que se mueve como una bruma impidiéndonos ver la superficie y hasta el sol.  Nuestro trabajo -y eso es una evidencia-, ha empeorado o ha aumentado considerablemente en estos años deteriorando nuestras condiciones laborales dentro del 'entorno marino'.
Los peces hablan en voz baja, casi con la mirada, pero su indignación por el estado de las aguas es evidente y comprobable, y el porcentaje de indignados ha crecido de forma exponencial. ¿Por que vamos cediendo terreno año tras año?, ¿Por que aceptamos nuevas tareas y cometidos a cambio de unos dudosos incentivos?



El vaivén de las olas lo provocan los Delegados regionales y sus Jefes de Zona, pero también otros abusos en el sector pesquero.  Mientras, los sindicatos contemplan el paisaje desde el muelle ensalzando las grandezas de la puesta de sol,  ignorando que una corriente nos va minando por debajo, acabando con la ilusión, las fuerzas, y hasta el empleo de muchos que cometieron el desliz de no llevar la perfección impresa en colorines vivos y chillones como para que quieran conservarte en el acuario.

A lo mejor no queremos ganar tanto, y preferimos trabajar más a gusto, nadar sin amenazas. No se trata de denunciar hechos concretos, sino de mejorar el ambiente general, hacer nuestro trabajo más llevadero, acabar con la competición que existe para vender productos como rascas o Spos, y cometidos de camarero o panadero, etc., que poco o nada tienen que ver con el paisaje de los fondos marinos que debería de ser nuestro trabajo, ¿Por qué los aceptamos?



 Indignado (Campsared Blog)
Varios pescados saltarines ponen la voz al pensamiento de muchos de nosotros. Ya no es cuestión de incrementar el salario a costa de horas o de ventas, se trata de vivir y trabajar a gusto procurando la prosperidad del ecosistema y el bienestar de los moluscos clientes.

Todo lo que no vaya encaminado a éso, tarde o temprano nos erizará las escamas y calentará aún  más si cabe, nuestra fría sangre de pez.
Estas branquias no pueden depurar ya el aire que reciben, porque el afán oceanográfico se ha convertido en una esquilmación sin límites del entorno marino y sus recursos. ¿Cuanto más nos van a exigir?, ¿Acaso tenemos la culpa de la 'contaminación' que sufren los océanos?

En ocasiones -siento decirlo-,  Sacco y aquellos que nos visitan por las estaciones, se parecen bastante al cangrejo Sebastian, que trataba de convencer a la sirenita de que bajo el mar, por muy mal que vayan las cosas, siempre es mejor que fuera de el.  Y lo dice con entusiasmo de sindicalista convencido.



DESDE LA PLAYA, FELICES VACACIONES Y PRÓSPERO MES DE SEPTIEMBRE.
Dedicado a nuestro compañero Sacco_Vancetti para que tome nota.

martes, 21 de junio de 2011

SER PUTAS Y PONER LA CAMA

El respetable oficio de la prostitución conlleva más sinsabores que placeres, la asunción voluntaria de un trabajo jodido como ése, no es una fácil elección, ni trae satisfacciones mas allá de las momentáneas al recibir el pago a su trabajo, que más que otros y como otros, requiere desconectar el corazón y detener los sentimientos para que las nauseas, la rabia y la desesperanza no te aplasten contra la realidad de cada día.

Pues bien, lo de poner la cama siempre se ha considerado un plus de calidad remunerable, un extra, por que entre las herramientas y accesorios que precisan en su labor, el de la cama es el que determina si aquello tiene cierta calidad o es un aquí te pillo aquí te mato de consecuencias peligrosas.

Nuestra empresa, que ya nos 'prostituye' merced a una vaga definición de las tareas de expendedor y de encargado en el convenio: "todas aquellas tareas encaminadas a una adecuada explotación del punto de venta", saca de su chistera de prestidigitador con ínfulas de mandatario bananero, una medida tras otra para acortar, reconducir y dominar la voluntad, los pensamientos y hasta el habla.  Sabemos que en horas de trabajo, las palabras son competencia de la empresa, y éstas han de ser cánticos a la mercadotecnia, no se debe gastar saliva en vano.
De unos 'espantapájaros' con la nariz en forma de mazorca, hemos pasado a ser autómatas con vocación de robocops y múltiples aplicaciones. Nos han ido acoplando cometidos (no siempre bien remunerados), directivas, protocolos de actuación y de trabajo, y ahora nos pedirán, arropados por el gobierno -y esos pactos y reformas indignas-, que 'pongamos la cama'.  Europa enciende el fuego con su Pacto del Euro, y el gobierno pone la música para que entremos en el baile.  Los sindicatos 'nos defienden', si, echan pulsos de fuerza que terminan en amigables y compartidas jarras de cerveza, y otra vez a apretar, más cerveza y más apretones, al final se despiertan en el catre con otro sin saber cómo ni que ha pasado, ni quien pagó la cama ¿Los trabajadores?.

La verborrea de nuestros sindicatos tiene más de sainete para "Enemigos íntimos" de Tele 5, que de auténtica indignación por el recorte de derechos y la perdida de seguridad en el empleo (Voy a tener que unirme al grupo de protesta que vapulea a los sindicatos con estacas y piedras al grito de "vendidos").

Nuestros representantes sindicales negocian entre espejos, como en aquella película de O.Wells, de tal manera que se reflejan y se mezclan, y uno no sabe lo que vota y quien sale ganando.  Entre tanto vamos perdiendo los de siempre, nos desahucian del territorio conseguido tras años de campaña (Decía hace poco el ínclito gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en un ataque de indecencia, que 'los trabajadores obtuvieron excesivas ventajas en las etapas socialistas de los años 80'), retrocedemos como si nos robaran suelo bajo los pies, tanto que caminamos al borde del abismo como trabajadores y como ciudadanos. Nos hemos convertido más que nunca en marionetas, en muñecos de pim pam pum que alguien derriba alegremente para ganarse el oso de peluche.  Nunca fuimos tan 'putas' , y ahora tendremos que poner la cama.

En poco tiempo, si consigues comprar una vivienda (¡Atención milagro!), por que tu inmobiliaria, tu banco y el patrón de los casos imposibles San Judas se han unido, consigues tu hipoteca pero no puedes desgravar por ella (La compraventa de viviendas se ha desplomado en mayo, pues claro, ¿Esa medida favorecía a alguien? ¿...?), desaparece el plan prever (Y las ventas de coches se despeñan) y ahora sacan un plan de ayuda urgente para salvar la situación (¿Os acordais del baile de la Yenka?).

Los impuestos no bajan, ni el euribor, ni las multas, ni los parados, pero desaparecen las ayudas, nos deniegan los préstamos, los sueldos siguen tiesos, y las ofertas de trabajo son escasas como los cuatro pelos de la calva de un fraile, si uno es casposo, el otro es triste y lacio. No tenemos expectativas de futuro.  La jubilación se prolonga como el suplicio de un moribundo, pero eso si, cobrando menos porque nuestra pensión, si es que logramos alcanzarla, se calculará sobre los últimos 25 años, o tal vez más, desde que conseguimos ese primer trabajo de canguro por horas, o de buzoneador itinerante.  El caso es arañar, escurrir nuestras cifras para que sean famélicas, inconcebibles, y que nos tengan siempre con el agua al cuello.

Las empresas (y empresarios) mientras tanto, se han revolucionado, como la población de un hormiguero con un trozo de carne.  Se han lanzado al ataque para comernos  los derechos y las opciones de protesta, y se mueven deprisa conocedores de cada recoveco y galería de sus cuevas, y nos devoran sin recato, verbigracia "teneis que devolvernos los descuadres", "Teneis que trabajar hasta las doce", "No cobrareis las horas sin los justificantes" "Hay que vender rascas y roscos, y hacer el pino-puente a la hora tal...".

La empresa es nuestro chulo, nos conduce, nos manda, nos amenaza y nos maneja como un curtido proxeneta, regateándonos la ganancia y obligándonos a relaciones sin control y sin límite.  Ponemos los condones y la cama, soportamos los entripados, la vergüenza y la rabia;  somos más 'putas' cada día.
Ahora el gobierno dicta su ley sobre los enfurruñados sindicatos, que no furiosos ni indignados, un enfado ligero, como si se tratara de una partida al mus con amarracos con forma de personas, y se nos pide que entendamos, que aflojemos las pretensiones, que aguantemos el temporal que los trabajadores no hemos provocado. Nuestros políticos jugaron y perdieron, nuestras empresas y los bancos consintieron con risas mientras atiborraban las carteras y ahora nos piden que entendamos, que comprendamos a nuestros empresarios, que apretemos el culo y que vendamos lo invendible, nuestro cuerpo y el alma si es preciso para salvar la situación.
Y nos lo piden los políticos, "unos economistas 'tan buenos' que no supieron predecir los fallos del sistema financiero ni alertar de los peligros de nuestro modelo productivo, que no han explicado por qué las ayudas al sistema financiero no se han transmitido al sector real, y que simplemente llevan años limitándose a tratar de inculcarnos que todos nuestros problemas se reducen a dos cuestiones clave: las regulaciones del mercado laboral y el excesivamente generoso sistema de protección social. Sin embargo, eluden explicarnos cómo este sistema regulatorio -que, según sugerencia de Fernández Ordóñez, “crea pánico a contratar”- pudo en el pasado reciente generar el mayor crecimiento de empleo de nuestra historia, al tiempo que permitía que el peso de las rentas del trabajo se mantuviera constante a lo largo del tiempo a pesar de que el crecimiento provocó un notable aumento del porcentaje de asalariados en la población ocupada".

No somos los culpables está claro, pero la reforma que regula la negociación colectiva y que aprobaron hace unos días, nos exige ahora poner la cama. Cualquier falta de acuerdo en temas de convenio será resuelta por un arbitro nombrado por... ¿? y de ideología...¿?,  dos cuestiones tan importantes que da pavor pensar a quien le tocan y por qué.

Cuantas más veces leo las condiciones más pena y miedo siento por la suerte de los trabajadores en España. Los últimos acuerdos sobre negociación, relegan los derechos y hacen retroceder las condiciones laborales a los años setenta. Con la palabra "flexibilidad", se nos condena a múltiples penurias, se fortalece al empresario, que si ya antes manejaba las cosas con el conocido: "Esto son lentejas...", ahora tendrá herramientas de extorsión fabulosas para amedrentar a los obreros.

En definitiva, retrocedemos los curritos.  De un modo u otro pagamos la factura de la clase política, de los empresarios codiciosos y de nuestros pasmados sindicatos. Europa exige austeridad y todas las miradas nos señalan como los escogidos para pagar el pato.
Por la torpeza de unos cuantos, vamos a vivir compungidos y con el culo al aire, y por supuesto, por que lo ha dicho un Real Decreto, poniéndoles la cama para que nos follen a gusto cuando quieran. Y por poco dinero.